El Ray Tracinges la tecnología responsable de que juegos recientes como Resident Evil Requiem o Control Resonant tengan reflejos, sombras y luces que parecen sacados de una película en vez de un videojuego.
No es un simple filtro visual, cambia por completo la forma en que el juego calcula cómo se comporta la luz dentro de cada escena.
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Cuando un videojuego empieza a parecer una película
Durante años, los videojuegos han recurrido a trucos muy ingeniosos para simular la luz sin calcularla de verdad: mapas de sombra precalculados, reflejos falsos pegados sobre superficies o iluminación "horneada" en el propio escenario antes de que el jugador llegue a verlo. Funcionaba razonablemente bien, pero se notaba en los detalles, reflejos que no coincidían con lo que había alrededor, sombras que no cambiaban aunque moviera la luz.
El Ray Tracing cambia el planteamiento de raíz, en vez de simular la luz, la calcula. El resultado es que los reflejos muestran exactamente lo que deberían mostrar, las sombras reaccionan a cualquier cambio en la escena y la iluminación general se comporta como lo haría en el mundo real, no como una aproximación bien disimulada.
La técnica consiste en trazar, de manera literal, el recorrido de rayos de luz virtuales: desde la cámara (el punto de vista del jugador) hasta cada píxel de la pantalla, y desde ahí hacia atrás, buscando con qué superficies choca ese rayo hasta llegar a una fuente de luz. Es el mismo principio que se usa en el cine de animación para iluminar escenas, solo que ahí se puede tardar horas en procesar un solo fotograma, y en un videojuego hay que hacerlo decenas de veces por segundo.
Reflejos, sombras e iluminación en tiempo real
Ese cálculo constante es lo que permite que un charco refleje el edificio que tiene detrás con precisión, que una sombra se alargue de forma correcta según la hora del día del juego, o que la luz que entra por una ventana rebote en las paredes e ilumine zonas que no reciben luz directa, un efecto conocido como iluminación global.
La diferencia más visible está en los materiales reflectantes: charcos, cristales, metal pulido o el suelo mojado tras la lluvia ganan un nivel de detalle que antes era imposible de conseguir. Las sombras también se vuelven más suaves y coherentes con el entorno, en vez de los bordes duros y poco naturales típicos de los juegos sin esta tecnología.
El cambio más completo se da en los juegos con path tracing, una versión todavía más exigente del Ray Tracing que calcula prácticamente toda la luz de la escena de esta forma, como ocurre en el modo Overdrive de Cyberpunk 2077 o en Alan Wake 2. Ahí la diferencia frente a la iluminación tradicional ya no es un detalle puntual, sino el aspecto general de todo el juego.
Ray Tracing vs. gráficos tradicionales: ¿qué hay detrás de la diferencia?
Los gráficos tradicionales, basados en una técnica llamada rasterización, dibujan la escena rápidamente proyectando los objetos sobre la pantalla y aplicando después trucos de iluminación ya calculados de antemano. Es muy eficiente, pero tiene que adivinar cómo se comportaría la luz en vez de calcularlo.
El Ray Tracing, en cambio, resuelve ese problema con física real aplicada a cada fotograma, a costa de necesitar muchísima más potencia de cálculo. Por eso durante años se reservó al cine y a la animación, donde no hay límite de tiempo para procesar cada imagen, y solo hardware específico ha permitido llevarlo a los videojuegos en tiempo real.
Trazar rayos de luz de verdad, superficie por superficie, es uno de los cálculos más pesados que puede pedirle un juego a una tarjeta gráfica. Activar el Ray Tracing sin más suele traducirse en una caída notable de fotogramas por segundo, especialmente en resoluciones altas, porque la tarjeta tiene que repartir su potencia entre generar la imagen normal y además resolver todos esos rayos.
Qué papel juega el DLSS y otras tecnologías de reescalado
Para compensar esa caída de rendimiento, los fabricantes han desarrollado tecnologías de reescalado por inteligencia artificial: DLSS de Nvidia, FSR de AMD y XeSS de Intel. Renderizan el juego a una resolución interna más baja y usan IA para reconstruir una imagen nítida a la resolución final, recuperando buena parte de los fotogramas perdidos. La versión más reciente de Nvidia, DLSS 4.5, añade además Ray Reconstruction, una función que limpia específicamente el ruido visual que genera el propio Ray Tracing.
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Qué necesitas para disfrutar del Ray Tracing
Prácticamente cualquier tarjeta gráfica moderna soporta Ray Tracing a nivel de hardware, desde una Nvidia RTX 3060 en adelante, una AMD RX 6700 XT o una Intel Arc A750. Para una experiencia cómoda a 1440p activando Ray Tracing y usando DLSS en modo calidad, lo recomendable es partir de una RTX 4070 o equivalente, y si lo que buscas es path tracing completo, conviene subir el listón a una RTX 4080 o superior.
En consolas, tanto PS5 como Xbox Series X ofrecen Ray Tracing, aunque de forma más limitada que en PC por la potencia disponible, normalmente aplicado solo a ciertos efectos concretos en vez de a toda la escena.
Hacia dónde va el futuro de los gráfico
La tendencia apunta a que el Ray Tracing deje de ser una opción y se convierta en la base sobre la que se construyen los juegos, como ya ocurre en títulos que exigen esta tecnología para poder ejecutarse. A la vez, el procesado por inteligencia artificial sigue ganando peso: cada vez menos píxeles se calculan "de verdad" y más se reconstruyen con IA a partir de una imagen base, un camino que apunta hacia gráficos cada vez más realistas sin que el coste de rendimiento crezca al mismo ritmo.
La combinación de esta simulación de luz con los avances en inteligencia artificial promete llevar la inmersión visual al siguiente nivel, logrando mundos cada vez más increíbles sin que el rendimiento sea un problema.
Y tú, ¿ya has dado el salto al Ray Tracing en tus títulos favoritos o prefieres seguir desactivándolo para exprimir al máximo los FPS? 🎮✨